Biografía de Gaspar Sanz

Calanda: vista general

Hablar de Gaspar Sanz supone hacer referencia a uno de los nombres más sobresalientes no sólo en la historia de la guitarra, sino también de todo el conjunto del barroco español. Prueba fehaciente de ello fueron el éxito y reconocimiento casi inmediatos a la publicación de su Instrucción de música sobre la guitarra española. Las ocho ediciones entre 1674 y 1697 (precisamente en una época donde la publicación en España no fue ni mucho menos dichosa), así como el prestigio y reputación de su tratado en estudiosos y músicos prácticos de etapas posteriores, nos hablan igualmente de la vital importancia de este autor en el devenir histórico de la guitarra. Y por si esto fuera poco, cabe subrayar también su influencia en la gestación de obras tan destacadas dentro del patrimonio musical español del siglo XX como el Retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla o la Fantasía para un gentilhombre de Joaquín Rodrigo. Influjo este de principios y mediados de siglo respectivamente, y que se extiende hasta finales del mismo cuando el título de una de sus piezas, Al Ayre Español, sirvió de inspiración en la creación del grupo de música antigua del mismo nombre.

Cronológicamente, son Félix De Latassa, Miguel Gómez Uriel, Antonio Lozano González, Gregorio Arciniega Mendi, Rafael Mitjana, Luis García-Abrines, Rodrigo de Zayas o Álvaro Zaldívar, algunos de los más destacados estudiosos que se han ocupado en intentar desvelar la vida y obra del maestro calandino.

Gaspar Sanz (1640-ca.1710) nació en Calanda, provincia de Teruel. No son muchos los datos biográficos que disponemos de este ilustre aragonés, aunque él mismo nos ofrece ciertas pistas en la portada de su tratado: "compuesto por el licenciado Gaspar Sanz, aragonés, natural de la Villa de Calanda, Bachiller en Teología por la Insigne Universidad de Salamanca".

Latassa nos informa que en su juventud recibió "una educación útil en toda buena instrucción y ventajosa en los estudios de humanidades", para luego poner rumbo hacia Salamanca. Y después de ello, sin precisión cronológica clara, comenzó su periplo por tierras italianas. Allí perfeccionó sus aptitudes con el órgano de la mano de Christoval Casirani y con la guitarra gracias a Lelio Colista, el "Orfeo de estos tiempos". Entre Roma y Nápoles descubrió y estudió las obras de Foscarini, Pelegrin, Doici o Corbeta, etc. Este viaje, como es natural, embebió a Sanz de cierto espíritu italiano.

La biografía de Sanz viene, a día de hoy, marcada por una serie de dudas. La primera de ellas tiene que ver con su verdadero nombre de pila, pues en la partida de bautismo fechada el 4 de abril de 1640 figura el nombre de Francisco Bartolomé y no el de Gaspar. ¿Pudo ser Gaspar un apodo? Aunque nacido en Calanda, ¿quizá fuera bautizado en otra localidad? Si esto fuera así, ¿quién sería entonces "Francisco Bartolomé"? ¿Posiblemente aquel músico menor y de coincidencia cronológica al guitarrista del que se conocen alguna obras como El valentón de los cielos?

La segunda tiene que ver con el hecho de si Sanz se licenció y llegó a ocupar una cátedra en la Universidad de Salamanca, como tradicionalmente se había creído. En este sentido, García-Abrines afirma haber examinado la lista de matriculados en teología y de catedráticos en música de dicha Universidad en esa época y nos confirma que no figura el nombre de Sanz ni en una ni en otra.

En tercer lugar, no se sabe a ciencia cierta si llegó a ser el profesor de guitarra de D. Juan José de Austria. La dedicatoria a este hijo de Felipe IV hasta la edición de 1679 de su Instrucción, parece mostrar la cercanía con tan excelso personaje pero no atestigua que fuera discípulo suyo. Más cuando Sanz nunca nombró este hecho, habiéndose además esforzado por mostrarnos algunos datos biográficos en la portada de su tratado. Así mismo, no tendría sentido alguno ocultar el tutelaje de tan ilustre alumno, ya que no sería difícil adivinar que sólo le hubiera podido reportar beneficios.

Y por último, cuál fue realmente la fecha de de su muerte. Para algunos pudo acaecer a finales del siglo XVII, aunque hoy parece establecerse circa 1710.

Al margen de dichas incertidumbres biográficas, con el deseo manifiesto de que futuras investigaciones y posibles hallazgos lleguen a dilucidarlas, de lo que no hay un ápice de sombra es de la valía de su legado. Además, su condición creativa no se agotó en el ámbito musical, pues también desplegó su erudición en la publicación de diversos escritos y versos. Incluso fue un excelente grabador en cobre de planchas de música. Una suerte de humanista del barroco español.


Raúl Viela